Regreso a este medio con la peor de las noticias. La desolación y la amargura abruman mi ser. Es muy difícil para mí decir esto, pero Ramiro (mi canguro boxeador) ha muerto. Ramiro decidió quitarse la vida la madrugada del jueves 12 de agosto de 2010. Ramiro fue encontrado colgado en su habitación por Thali, su concubina tailandesa de 18 años (al menos eso dice).
Considero, estimados amigos, que no hay mejor homenaje a Ramiro, que un recuento de los momentos más importantes de su vida:
Ramiro nació en Australia. Desde su nacimiento, Ramiro fue un canguro.
Ramiro, a una muy corta edad decide conocer el mundo y emprende un viaje que lo llevaría a conocer los lugares más recónditos del planeta.
Desde joven, Ramiro descubre su pasión por el pugilismo. Inspirado en el clásico del séptimo arte "Das Boxende Känguruh", Ramiro comienza su entrenamiento formal como boxeador.
A lo largo de su carrera Ramiro acumuló victorias y se fue consagrando como uno de los más representativos iconos del deporte australiano.
Ramiro fue la imagen de diversas campañas publicitarias e incluso fue punta de lanza de una agresiva campaña para fomentar el turismo en Australia.
Pero no todo fue fama y gloria para Ramiro. Aunque siempre tuvo el apoyo de Fluffy (mi tigre blanco metrosexual y vegetariano), de la familia Flores y, sobre todo, de Mohamed (su entrenador indú), Ramiro siempre fue un alma solitaria. Un genio incomprendido.
Al principio, todos pensamos que su forma de tomar en eventos sociales era debido a su forma extrovertida de ser. Pero muy tarde nos dimos cuenta que Ramiro estaba perdiendo la pelea más importante de todas: la pelea contra el alcohol.
Lidear con la cirrosis fue muy desgastante para Ramiro, su carácter se deterioró considerablemente y poco a poco fue apartando a su seres más cercanos.
Es una pena, pero fue así como terminó la vida de Ramiro. Sin embargo, les pido un momento de silencio para conmemorar a un grande del boxeo y, sobretodo, a un gran amigo.
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